Un padre y su hijo
- Hermandad Señor de los Milagros - Bca. Barranca
- 12 jul 2023
- 2 min de lectura
Cuentan que un hijo llevó a su padre a un restaurante para disfrutar de una cena junto a él. Su padre ya era bastante anciano, y por lo tanto, un poco débil y un poco torpe también. Por eso mientras comía, se manchó su camisa y el pantalón al caerse la copa de vino en el plato. Los demás comensales observaban al anciano con sus rostros distorsionados de vergüenza, pero su hijo permanecía en total calma. Una vez que ambos terminaron de comer, el hijo, sin mostrarse ni remotamente avergonzado, ayudó con absoluta tranquilidad a su padre y lo llevó al lavabo. Limpió las sobras de comida de su arrugado rostro, lavó las manchas de vino de su ropa, peinó sus canas volvió a su mesa le puso sus gafas y finalmente le besó. Un profundo silencio reinaba en el restaurante. Nadie podía entender cómo es que alguien podía hacer el ridículo de tal manera. El hijo se dispuso a pagar la cuenta, pero antes de partir, un hombre, también de avanzada edad, se levantó de entre los comensales, y con voz grave le preguntó al hijo del anciano: No te parece que has dejado algo aquí? El joven respondió: “No, no he dejado nada”. Entonces el extraño le dijo: Sí has dejado algo! Has dejado aquí una lección para cada hijo, y una esperanza para cada padre! El restaurante quedo en tal en silencio, que se podía escuchar caer un alfiler...
Uno de los mayores honores que existen, es poder cuidar de nuestros mayores. Esos que un día nos cuidaron a nosotros también. Nuestros padres, que sacrificaron sus vidas, con todo su tiempo, dinero y esfuerzo por nosotros, merecen nuestro máximo respeto, una inmensa gratitud y todo nuestro amor.





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